Qué publicar en LinkedIn cuando no se te ocurre nada
La respuesta habitual a esta pregunta es una lista de treinta ideas genéricas. El problema es que las ideas genéricas producen posts genéricos, y ya hay demasiados.
Hay una fuente mejor y la tienes desde hace meses: los posts que guardaste. Guardaste cada uno porque te dijo algo. Eso es una señal de tu propio criterio, seleccionada por ti, sobre tu sector, y no la tiene nadie más.
Cómo se usa un guardado sin copiar a su autor
La línea es clara: se toma el tema, no el texto. Cuatro formas que funcionan:
- La discrepancia. Guardaste algo con lo que estabas medio de acuerdo. Escribe la otra mitad: «se dice mucho que X; en mi experiencia solo cuando Y».
- El caso propio. El post decía la teoría. Tú cuéntalo con tus números y tu semana.
- Lo que faltaba. Un post te resolvió el 80 % y te dejó una pregunta. Esa pregunta es tu publicación.
- La síntesis. Guardaste cinco cosas del mismo tema en un mes. Lo que has visto es un patrón; contarlo es más valioso que cualquiera de los cinco por separado.
Ninguna de las cuatro necesita el texto ajeno. Necesitan acordarse de qué guardaste, que es justo lo que la lista de LinkedIn no te deja hacer.
Como profesional o como empresa: cambia el sujeto, no el método
Desde una cuenta personal lo que se lee es la experiencia en primera persona; desde una página de empresa, lo que se lee es el dato o el caso de cliente. El método de arriba vale para los dos: cambia quién es el «yo» del post.
Sobre los mejores días y horas
Se repite mucho que hay que publicar de martes a jueves por la mañana. Es cierto de media y es irrelevante para ti: tu audiencia tiene su horario, y el único dato que sirve es el tuyo. Publica veinte veces, mira cuáles funcionaron y quédate con eso. La media de otros no predice la tuya.
Lo que sí importa más que la hora: publicar seguido. Un post regular flojo vence a un post brillante cada tres meses, porque LinkedIn muestra a quien aparece.
El cuello de botella real
Casi nadie deja de publicar por falta de ideas. Se deja por la fricción de sentarse a buscar el material. Si tu archivo está en una lista sin buscador ni orden, «reviso lo que guardé» son veinte minutos de desplazarse, y eso es lo que no se hace un martes a las ocho.